América Latina amplía capacidad refinadora: avanzan Dos Bocas en México y proyectos en Cuba
México impulsa Dos Bocas con 340 mil bpd y Cuba retoma inversiones en sus refinerías, en un esfuerzo regional por reducir importaciones de combustibles refinados.
América Latina vive un nuevo ciclo de expansión refinadora, con México y Cuba como protagonistas. La refinería Olmeca, conocida como Dos Bocas, en Tabasco, avanza hacia su capacidad de diseño de 340 mil barriles diarios (bpd) bajo la operación de Pemex. El proyecto, impulsado por la administración de Andrés Manuel López Obrador y continuado por Claudia Sheinbaum, busca reducir la dependencia mexicana de gasolina y diésel importados desde el Golfo de Estados Unidos.
Cuba, por su parte, mediante Cubapetróleo (Cupet) y con apoyo de socios rusos y chinos, retomó inversiones en las refinerías de Cienfuegos y Santiago de Cuba. La meta es elevar la utilización por encima del 60%, mitigar los apagones y reducir la quema de crudo en plantas eléctricas. Venezuela mantiene a duras penas el complejo Paraguaná (Amuay y Cardón) con apoyo iraní, mientras Brasil opera 13 refinerías y Argentina expande el polo de Bahía Blanca con YPF.
Para Centroamérica, este reposicionamiento abre oportunidades y riesgos. Si Dos Bocas logra operar a plena carga, México podría reducir compras a Estados Unidos y liberar volúmenes regionales. Sin embargo, expertos como John Auers de Refined Fuels Analytics han cuestionado los rendimientos reales de Olmeca, que ha enfrentado retrasos, incendios y problemas técnicos en sus unidades de coquización retardada y FCC.
El Salvador observa este panorama con interés mixto. La refinería RASA en Acajutla, inaugurada en los años 60 con capacidad de 22 mil bpd y propiedad en su momento de un consorcio liderado por Shell, está paralizada como refinería desde 2012 y opera solo como terminal de almacenamiento bajo control estatal. Discusiones recurrentes sobre su reactivación se han topado con la realidad económica: la escala mínima eficiente moderna ronda los 100 mil bpd, y el mercado salvadoreño consume apenas la mitad.
El gobierno de Nayib Bukele ha explorado convenios con Aramco, Pemex y operadores asiáticos, pero ningún proyecto ha cuajado en firme. La alternativa más realista parece ser fortalecer la infraestructura logística, ampliar tanques en Acajutla y diversificar proveedores. Empresas como Puma Energy y Uno han invertido en terminales propias y flota dedicada, asegurando suministro frente a interrupciones en el Golfo de México por huracanes o ciberataques como el de Colonial Pipeline.
El debate regional también pasa por las especificaciones de combustibles. La adopción de gasolina Tier 3 con 10 ppm de azufre y diésel ultra bajo en azufre obliga a refinerías como Olmeca y Cienfuegos a fuertes inversiones en hidrotratamiento. El Salvador, alineado con estándares EPA, depende de la calidad de las refinerías del Golfo, en un mercado donde la integración logística entre Texas, México, Cuba y Centroamérica seguirá siendo la columna vertebral del abastecimiento durante los próximos años.