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Categoria: Downstream3 min de lectura

Expansión refinera en América Latina: Dos Bocas en México y proyectos en Cuba avanzan

Por Equipe Oilxa ·

México amplía su refinería Dos Bocas y Cuba modernizó Cienfuegos. La región busca soberanía energética en un contexto de alta dependencia de derivados importados.

La refinería Olmeca, conocida como Dos Bocas y ubicada en Tabasco, México, alcanzó su capacidad operativa plena de 340,000 barriles diarios tras una inversión total que superó los 16,800 millones de dólares. El proyecto emblemático del gobierno mexicano busca reducir la dependencia de gasolina importada desde Estados Unidos, que en años recientes alcanzó el 70% del consumo nacional. Petróleos Mexicanos (Pemex) opera la instalación junto con módulos de coquización retardada que permiten procesar crudo pesado Maya con alto rendimiento de destilados medios.

En paralelo, Cuba avanza en la modernización de la refinería Camilo Cienfuegos, operada históricamente en asociación con PDVSA. Aunque el flujo de crudo venezolano se ha reducido drásticamente, el gobierno cubano ha buscado alianzas con China, Rusia e incluso Irán para mantener operativa la planta, con una capacidad nominal de 65,000 barriles diarios. La meta es producir suficiente diésel para atender la demanda interna y abastecer las plantas de generación eléctrica que sostienen el frágil sistema eléctrico cubano.

Para Nicaragua, estos desarrollos regionales reabren la pregunta sobre la viabilidad de contar con capacidad de refinación propia. El histórico proyecto del Supremo Sueño de Bolívar, anunciado en 2007 con Venezuela como socio para construir una refinería de 150,000 bpd en Miramar, departamento de León, nunca se concretó. La inversión estimada alcanzaba los 4,000 millones de dólares y habría transformado a Nicaragua en exportador neto de derivados hacia Centroamérica.

Hoy, la Refinería Esso de Managua sólo realiza actividades de almacenamiento y mezcla, sin procesar crudo desde hace años. Eso obliga al país a importar prácticamente todos sus derivados desde el Golfo de México, Aruba y Curazao, con costos logísticos que añaden entre 8 y 12 dólares por barril al precio puesto en planta. Las empresas operadoras Puma Energy, Uno y DNP manejan la mayor parte del mercado interno.

Albanisa, la empresa mixta nicaragüense-venezolana que durante años canalizó el suministro de crudo y derivados bajo Petrocaribe, vio reducida su operación tras las sanciones impuestas por la OFAC en 2019. La caída del flujo de petrocrédito venezolano dejó al país sin la principal fuente de financiamiento blando para importaciones energéticas, lo que obligó a redirigir compras al mercado internacional a precios spot.

El ejemplo mexicano y cubano demuestra que la apuesta por capacidad de refinación nacional sigue siendo políticamente atractiva, aunque económicamente desafiante. Una eventual reactivación del proyecto refinero en Nicaragua requeriría inversión privada extranjera, garantías regulatorias de largo plazo y posiblemente alianzas con socios chinos o de Medio Oriente, dado el actual contexto geopolítico. Mientras tanto, el sector privado nicaragüense agrupado en COSEP ha insistido en la importancia de la integración energética centroamericana como vía pragmática para reducir costos compartidos, antes que apostar por refinerías nacionales.

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