Refinadores revisan al alza la demanda de gasolina para 2026 ante moderación de los vehículos eléctricos
El ritmo más lento de adopción de autos eléctricos lleva a refinadores globales a elevar sus pronósticos de demanda de gasolina, prolongando la era de los combustibles líquidos.
El optimismo desbordado sobre la rápida transición hacia los vehículos eléctricos (VE) se enfría. Las ventas globales crecieron solo un 18 % en 2025, frente al 35 % proyectado por la Agencia Internacional de la Energía (AIE) hace dos años. Como consecuencia, refinadores como Marathon Petroleum, Valero, Phillips 66, TotalEnergies y Reliance Industries han revisado al alza sus pronósticos de demanda de gasolina para 2026.
Los factores detrás de la moderación son múltiples. En Estados Unidos, el segundo mayor mercado mundial, los créditos fiscales federales enfrentan recortes en la administración republicana, lo que encarece los modelos eléctricos. En Europa, la eliminación gradual de subsidios en Alemania y Francia, sumada al alto costo de la electricidad residencial, han desincentivado las compras. En China, líder absoluto del segmento, el crecimiento se mantiene robusto pero a ritmos menores debido a la saturación urbana y a la guerra de precios entre BYD, Tesla, Xpeng y Geely.
La AIE estima que la demanda global de gasolina alcanzará 27.5 millones de barriles diarios (bpd) en 2026, alrededor de 400,000 bpd por encima de las proyecciones previas. El pico de demanda, antes esperado para 2027, podría desplazarse a 2029 o incluso 2030. Esto otorga oxígeno a las refinerías, especialmente las del Golfo de México estadounidense, India y Medio Oriente, que han pospuesto cierres y reasignado capital hacia ampliaciones.
El diésel, vinculado al transporte de carga, aviación y agricultura, mantiene perspectivas aún más firmes. La industria petroquímica, por su parte, absorbe el grueso del crecimiento total de productos derivados, con plásticos, fertilizantes y solventes liderando.
El impacto para Centroamérica es directo. Guatemala importa más de 30 millones de barriles anuales de derivados, principalmente desde refinerías de Texas y Luisiana. Una demanda doméstica estadounidense más robusta podría endurecer los diferenciales del crack spread y trasladarse a los precios al consumidor en los surtidores guatemaltecos, donde el galón de gasolina superior se vende entre 38 y 42 quetzales.
El parque vehicular guatemalteco supera los 4.3 millones de unidades según la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT), con apenas alrededor de 3,500 vehículos eléctricos registrados. La infraestructura de carga es incipiente, concentrada en la ciudad capital y en algunos centros comerciales. La Ley de Incentivos para la Movilidad Eléctrica aprobada en 2022 exonera aranceles e IVA, pero el alto precio de los modelos sigue siendo barrera para hogares de ingresos medios.
Mientras la electrificación avanza lentamente, las distribuidoras locales como Puma Energy, Uno y Chevron mantienen inversiones en estaciones de servicio, almacenamiento y logística terrestre. Perenco, en su operación de Petén, evalúa el horizonte de demanda para definir si extiende sus contratos. Los analistas energéticos guatemaltecos coinciden en que el país debe planificar de forma simultánea la modernización del transporte público con electromovilidad y la garantía de suministro líquido durante al menos dos décadas más.