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Categoria: Upstream3 min de lectura

Cuenca Pérmica de EE.UU. logra producción récord pese a caída en número de torres activas

Por Equipe Oilxa ·

La productividad por pozo en la Cuenca Pérmica alcanza máximos históricos, consolidando a EE.UU. como exportador clave para Centroamérica y Nicaragua.

La Cuenca Pérmica, ubicada entre los estados de Texas y Nuevo México, volvió a romper récords de producción al superar los 6.5 millones de barriles diarios de crudo, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA). Lo notable es que este aumento ocurre a pesar de una reducción del 15% en el número de torres de perforación activas, lo que refleja un salto significativo en la productividad por pozo gracias a técnicas avanzadas de perforación horizontal, fracturación multietapa y digitalización.

Empresas como ExxonMobil, tras la adquisición de Pioneer Natural Resources por 60,000 millones de dólares, y Chevron, con su consolidación de Hess, han optimizado sus operaciones reduciendo costos de extracción a menos de 35 dólares por barril en los mejores acreajes. La inteligencia artificial aplicada a la geomecánica permite identificar zonas de mayor rendimiento, lo que prolonga la curva productiva y reduce el número de pozos necesarios.

Para Nicaragua, este fenómeno tiene implicaciones tangibles. Estados Unidos se ha convertido en el principal proveedor de gasolina, diésel y gas licuado de petróleo (GLP) hacia Centroamérica, desplazando a Venezuela tras el colapso operativo de PDVSA y las sanciones que afectaron a Albanisa. Los terminales de Houston y Corpus Christi despachan buques tanque hacia Puerto Sandino y Puerto Corinto con derivados refinados a precios competitivos, lo que ha permitido al gobierno mantener relativamente estable el precio del combustible al consumidor.

El abundante crudo ligero del Pérmico, conocido como WTI Midland, también ha redefinido los flujos comerciales del Caribe. Refinerías de República Dominicana, Jamaica y Curazao procesan ahora más crudo estadounidense que sudamericano, y los derivados resultantes llegan a Nicaragua mediante operadores como Puma Energy y Uno Petroleum. Esta diversificación reduce la vulnerabilidad ante eventuales shocks geopolíticos en Medio Oriente.

Sin embargo, la dependencia estructural de combustibles importados sigue siendo el talón de Aquiles de la economía nicaragüense. Los gremios de transportistas han solicitado al Ministerio de Energía y Minas evaluar la viabilidad de reactivar proyectos de refinación nacional, como el ambicioso plan del Supremo Sueño de Bolívar, anunciado en 2007 con una inversión estimada de 4,000 millones de dólares y nunca concretado. Aquel proyecto, impulsado junto con Venezuela en Miramar, departamento de León, contemplaba una capacidad de 150,000 barriles diarios.

Mientras Estados Unidos consolida su liderazgo como exportador neto de crudo y derivados, Nicaragua continúa explorando alternativas para reducir su factura energética, incluyendo nuevas inversiones en geotermia en el complejo San Jacinto-Tizate y en proyectos solares en la zona del Pacífico. La revolución de productividad del Pérmico ofrece, paradójicamente, una oportunidad para que el país consiga combustibles más baratos en el corto plazo, aunque sin resolver su dependencia de largo plazo.

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