Demanda de eléctricos se desacelera y refinadoras revisan al alza el panorama de gasolina para 2026
Las refinadoras globales ajustan al alza sus previsiones de demanda de gasolina para 2026 tras la desaceleración del mercado de vehículos eléctricos en EE. UU. y Europa.
Las grandes refinadoras mundiales, encabezadas por Marathon Petroleum, Valero, Phillips 66, TotalEnergies y Repsol, revisaron al alza sus previsiones de demanda de gasolina para 2026, tras la desaceleración del crecimiento de vehículos eléctricos (VE) en Estados Unidos y Europa. La Agencia Internacional de Energía (AIE) ajustó su pronóstico, anticipando que la demanda mundial de gasolina podría sumar entre 400 y 600 mil bpd adicionales el próximo año.
El enfriamiento del mercado VE responde a varios factores: precios todavía elevados, eliminación parcial de subsidios federales en Estados Unidos bajo la administración Trump, aranceles a vehículos chinos como BYD y Geely en Europa y Norteamérica, y problemas de infraestructura de carga en regiones rurales. Ford y General Motors retrasaron lanzamientos eléctricos, mientras Toyota refuerza su apuesta híbrida.
Para los mercados de combustibles, esto se traduce en márgenes de refinación más sostenidos. El crack spread 3-2-1 en la Costa del Golfo se ubica en niveles atractivos, lo que estimula a las refinadoras a operar a tasas de utilización superiores al 92%. ExxonMobil en Baytown y Beaumont, Marathon en Galveston Bay y Valero en Port Arthur exportan volúmenes crecientes a México, Centroamérica y el Caribe.
El Salvador, con un parque vehicular de aproximadamente 2 millones de unidades dominado por motores de combustión interna, se beneficia indirectamente de esta dinámica. Aunque el gobierno de Nayib Bukele ha promovido la electromovilidad mediante exenciones arancelarias para VE y la instalación de cargadores públicos, las ventas anuales de eléctricos puros no superan unas pocas centenas de unidades, según AsalvE y la DGT. La gasolina especial y regular siguen siendo los combustibles dominantes en estaciones como Puma, Uno y Texaco.
El impacto fiscal es relevante. La factura petrolera salvadoreña ronda los 1,800 millones de dólares anuales, y cualquier alza en los crack spreads se traslada a los precios finales pese a los esfuerzos de la Dirección General de Hidrocarburos y Minas por publicar referencias quincenales. El Fondo de Estabilización para combustibles (FEFE) ha tenido un rol más limitado en años recientes, dejando expuesto al consumidor a la volatilidad internacional.
Mirando 2026, el debate sobre la electromovilidad seguirá tensionado por dos fuerzas. Por un lado, fabricantes chinos como BYD ya operan en El Salvador y prometen modelos accesibles por debajo de 25 mil dólares. Por otro, la infraestructura de carga, el costo de la electricidad bajo la matriz dominada por geotermia y GNL, y la cultura del usuario salvadoreño seguirán dictando el ritmo. Mientras tanto, las refinadoras del Golfo de México sonríen y ajustan sus modelos: la gasolina, lejos de morir, vivirá un nuevo respiro comercial durante 2026, con efectos directos sobre el bolsillo del consumidor centroamericano.