Refinadores elevan la perspectiva de gasolina para 2026 ante demanda lenta de eléctricos
Los grandes refinadores revisan al alza sus pronósticos de gasolina para 2026 al desacelerarse la adopción de vehículos eléctricos, una tendencia con ecos en Costa Rica.
Los principales refinadores del mundo, entre ellos Marathon Petroleum, Valero Energy, Shell y BP, ajustaron al alza sus pronósticos de demanda de gasolina para 2026. La razón es la desaceleración en la adopción de vehículos eléctricos, especialmente en Estados Unidos y partes de Europa, donde los consumidores enfrentan precios todavía altos, infraestructura de carga insuficiente y políticas menos agresivas que las anticipadas hace dos años.
De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía, la demanda mundial de petróleo crecerá cerca de 1,1 millones de bpd en 2026, con un peso significativo del transporte por carretera. Las ventas de vehículos eléctricos siguen creciendo, pero a ritmos menores que los proyectados, y los híbridos enchufables ganan terreno como tecnología intermedia. Esto extiende la vida útil de la flota de combustión interna.
En Costa Rica, la situación es matizada. El país lidera la región centroamericana en adopción de movilidad eléctrica, con incentivos fiscales aprobados desde 2018 mediante la Ley 9518. Sin embargo, las matriculaciones de vehículos cero emisiones representan apenas alrededor del 8 por ciento de las ventas nuevas, según ASOMOVE, todavía lejos del objetivo del Plan Nacional de Descarbonización.
Factores como el costo de adquisición, la limitada oferta de modelos asequibles y la red de carga concentrada en la Gran Área Metropolitana frenan la masificación. La Compañía Nacional de Fuerza y Luz y el ICE han ampliado puntos de carga rápida a lo largo de la Interamericana, pero zonas como la Zona Sur, Guanacaste rural y la Zona Norte aún presentan brechas significativas.
Para RECOPE, la perspectiva de demanda sostenida de gasolina tiene implicaciones operativas. El plantel de El Alto, Ochomogo y la terminal de Moín seguirán manejando volúmenes elevados durante años. La empresa estatal ha planteado modernizaciones en infraestructura y eficiencia logística, mientras evalúa cómo diversificar hacia combustibles bajos en carbono y biocombustibles avanzados.
El sector privado costarricense también lee con atención estos pronósticos. Importadores, transportistas y agroindustria ajustan presupuestos asumiendo precios moderadamente más altos en 2026. La Cámara Nacional de Transportistas ha solicitado mecanismos de cobertura ante volatilidad y mayor previsibilidad en las fórmulas de ajuste de la ARESEP.
El debate ambiental sigue presente. Organizaciones como la Federación Costarricense para la Conservación de la Naturaleza recuerdan que mantener el consumo de gasolina compromete metas climáticas. Aun así, la realidad económica muestra que la transición es gradual y desigual, dependiente de tecnologías, ingresos y geografía.
El mensaje global se traslada a la calle costarricense: los vehículos eléctricos avanzan, pero no tan rápido como esperaban los planificadores. Esto da oxígeno a la industria refinadora y prolonga la dependencia del país de combustibles importados. Sin políticas adicionales de incentivos, electrificación del transporte público y desarrollo de infraestructura, Costa Rica podría quedarse atrás respecto a sus propias metas para 2030 y 2050.